¿Qué Ves A Través De Tu Ventana?

Vincent van Gogh pintó La noche estrellada en 1889, durante su estancia en el hospital psiquiátrico de Saint-Paul-de-Mausole. Durante mucho tiempo creí que esa hermosa noche estrellada era la escena que Van Gogh contemplaba a través de la ventana de su habitación. Sin embargo, uno de los aspectos más fascinantes de esta obra es que nació enteramente de su imaginación. Ninguno de los elementos del paisaje corresponde a los alrededores de Saint-Paul ni a la vista real desde su ventana.

Así como Van Gogh creó belleza a partir de lo que su ojo no alcanzaba a ver, de manera similar, Dios nos invita a contemplar Su obra en nuestra vida. Habrá momentos en que el paisaje de nuestra realidad será hermoso y coherente, pero también llegarán horas en que nos tocará mirar las noches a través de los lentes de Sus promesas. Y esto, precisamente, es lo que significa tener fe.

La fe es ver las estrellas en las noches más oscuras, no desde nuestra imaginación, sino porque tenemos un Dios que reina sobre la noche y nos promete en Su palabra el despunte de un nuevo día.  

La fe posee un par de ojos distintos a los que llevamos en el rostro. Son ojos que nos permiten ver lo que aún no es, pero ciertamente llegará a ser. Son ojos que contemplan las promesas de Dios como una realidad que trasciende las barreras del tiempo, más allá del aquí y ahora. Nos permite esperar con paciencia, aun cuando nuestras manos sigan vacías y nuestro corazón anhele con fuerza. Nos enseña a mirar nuestras circunstancias desde la perspectiva del cielo, mientras descubrimos a un Dios amoroso que obra en nosotros y a través de nosotros, incluso en medio del dolor y las dificultades.

La fe nos mueve a afirmar con certeza: “Descansa alma mía porque si Dios lo dijo, ¡ya es!”

Quizás hoy te sientes obligado a contemplar un panorama desalentador. No estás en el lugar que esperabas. Al igual que Van Gogh, no te encuentras en tu mejor escenario. Yo misma pasé momentos frente ventanas que me obligaron a correr la cortina para no mirar. Pero allí, justo allí, fue la tierra fértil que Dios utilizó para producir en mí el fruto de la fe: no evadiendo lo difícil, sino enseñándome que, aunque algunas circunstancias que me desagraden persistan por un tiempo, Él entrena mi mirada para verlas de manera distinta.

Tal como el apóstol Pablo lo expresó: “Hay dolor en nuestro corazón, pero siempre tenemos alegría. Somos pobres, pero enriquecemos a muchos. No poseemos nada, y sin embargo, lo tenemos todo.” (2 Corintios 6:10, NTV)

Me pregunto:

¿Habrá algún problema, reto, o persona en mi vida que Dios quiera enseñarme a ver con los ojos de la fe?

¿Nos atreveremos a soñar con las estrellas, incluso en medio de las noches más oscuras?

Oración:

Amado Padre, gracias porque has prometido que, aun cuando atraviese los valles más oscuros, Tú estarás conmigo. Abre mis ojos para ver mi circunstancia actual desde tu perspectiva. Enséñame a descansar en que Tú eres Señor en todas las temporadas de mi vida, y que en cada una de ellas tu amor me conduce en victoria. Confío en que estas haciendo una obra maravillosa en mi vida. ¡Amén!